Home Analisis Está en Tokio y tiene 14 habitaciones

Está en Tokio y tiene 14 habitaciones

por serpic0

 

Se llama Llove y es un hotel inspirado en los “love hoteles” japoneses, estructuras que intentan obviar a la falta de intimidad típica de ciudades tan abarrotadas como Tokio, donde el espacio doméstico, obligatoriamente pequeño, se comparte entre muchas personas.

Pero también es una exposición que como todas las exposiciones tiene una duración limitada, aunque, a diferencia de ellas, admite que sus visitantes se queden toda la noche.

La idea se le ocurrió a Suzanne Oxenaar, director artístico de Lloyd Hotel & Cultural Embassy – un hotel de diseño ubicado en Ámsterdam – que en 1984, durante su estancia en Japón, se quedó fascinada por el concepto de “love hotel” por su funcionalidad, pero también por lo mucho que decía sobre la cultura urbana de ese país que se decantaba claramente por la palabra “amor” en vez de la palabra “sexo”

Así que se quedó con la idea de montar algún día un “love hotel” y años después, aprovechando la afortunada coincidencia con la Designtide Tokio 2010, la feria de diseño de Tokio que acabó hace poco, se puso en busca de diseñadores holandeses que tuvieran algún tipo de relación con Japón, además de talento, por supuesto.

El arquitecto Jo Nagasaka hizo lo mismo en Japón, se encargó de encontrar la location adecuada y de supervisar el proyecto y finalmente esta locura a medio camino entre la exposición de arte contemporáneo, la estancia turística y la feria de diseño vio la luz.

Llove consta de 14 habitaciones cada una inspirada en un tema o un concepto diferente y cada una, por supuesto, lleva impresa la personalidad del diseñador que la ha concebido.

Richard Hutten , por ejemplo, diseña una habitación inspirada en el cuento La Princesa y el Guisante, cuya única pieza de mobiliario es una cama de ocho colchones perfecta para turistas sin prisas y amantes que quieran disfrutar de una experiencia fuera de lo común.

 

Ryuji Nakamura divide una habitación en dos mundos diferentes, el de arriba y el de abajo, a través de un material elástico, mientras Yuko Nagayama transforma cuatro paredes en los confines de un jardín zen ideal para reflexionar, vaciar la mente y, por supuesto, para el amor.

Más clásico pero no por eso con menos encanto es el entorno que propone Hideyuki Nakayama, que reproduce hasta el más pequeño detalle el dormitorio de una típica habitación japonesa, con la cama en el suelo y las paredes que parecen hechas de papel de arroz.

Elegante, moderno, atrevido . Un hotel que es una exposición y una exposición que es un hotel. Lastima que dure sólo hasta la semana que viene. Pero cuidado, sus creadores lo tienen claro: van a repetir y están buscando ya otros conceptos en los que inspirarse y otros países dónde poner a fruto su creatividad. Por supuesto, España es uno de ellos.

You may also like

Deja un comentario