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¿Puedo vivir sin parte de mi cerebro?

por Jesus Sanchez Cazo
cerebro humano

Como es sabido, nuestro cerebro es el centro activo y ejecutivo de nuestro cuerpo, y como cualquier centro de trabajo bien organizado, ni todos sus componentes realizan la misma función, ni sus componentes se encuentran localizados en el mismo sitio.

Pongamos primero sobre la mesa, que aunque en las últimas décadas, el avance en el conocimiento de su estructura y su funcionamiento ha sido considerable, aun sigue siendo el gran desconocido de nuestra anatomía.

Comparemos nuestro cerebro con un melocotón, en el que se pueden distinguir tres partes destacables de dentro hacia fuera, en el que la parte mas centrada es el hueso, recubierto de la carne del melocotón y envuelto por la piel. Pues nuestro cerebro viene a ser algo similar a la estructura de un melocotón, en la que el hueso seria nuestro cerebro REPTILIANO, que se encargaría de las actuaciones o instintos de supervivencia, tales como comer, huir ante el peligro, beber, o simplemente regular nuestra temperatura.

En segundo lugar, recubriendo a este, seria el cerebro LIMBICO o mamífero, que vendría a ser la carne del melocotón, que se encarga de las emociones y sentimientos como puede ser el amor, el odio, la tristeza, la alegria e incluso la fe.

Y por último y recubriéndolo todo, a modo de piel de melocotón, el cerebro RACIONALhumano, cuya misión es la de planificar, analizar o crear.

Una vez hecha esta pequeña exposición de nuestra estructura cerebral según sus funciones, volviendo a la pregunta inicial:

 ¿puedo vivir sin parte de mi cerebro?

Podemos entender, que no es lo mismo perder parte de nuestro cerebro reptiliano, de nuestro cerebro límbico que de nuestro cerebro racional, y prueba de ello es…

El increíble caso de Phineas Gage

Septiembre de 1848, en plena expansión ferroviaria de EEUU, un operario de ferrocarril, es victima de un fallo de cálculo, y en una explosión, una barra de hierro utilizada para la instalación de las vías, salta por los aires, atravesando la cabeza del joven PHINEAS GAGE, entrándole por el pómulo izquierdo de su cara y saliendo por la parte superior de su cráneo, y por increíble que pareciera, pudo salvar su vida sin ningún daño aparente de sus funciones, pero los que lo conocían, tras su recuperación, pudieron apreciarlo mucho más desagradable, menos racional y menos sociable, llevándonos a la conclusión de que según la parte de nuestro cerebro que nos pudieran extirpar, podríamos incluso seguir viviendo (con una probabilidad muy ínfima), pero nunca seriamos el mismo.

A continuación, os dejamos un interesante vídeo del caso de este joven, ampliamente estudiado en neurología y psicología entre otros ámbitos.

Articulo escrito por D. Jesus Sanchez Cazo (Facultad de Psicologia de Sevilla, UNED).

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